Una linda mezcla de sensaciones, música ambiental llenándome, ocupando algún vacío que quién sabe quién o qué se encargó de desocupar. Nadie sabe el motivo, lugar e instante en el que ese vacío decidió llegar para quedarse, por lo menos por un tiempo. Cómo sería ese tiempo es parte de aquella desconocida, cuánto duraría, qué traería emparentado. Qué cantidad de pensamientos repetidos pueden recorrer una y otra vez ese el mismo lugar dentro de nuestra cabeza, el por qué de siempre ese mismísimo.
¿Calandrias serán? las que cantan así y suelen estar en la parte oeste del GBA. La verdad no se, pero qué lindo cantaban. ¡Y los sapos! haciendo ese sonido extraño que los caracteriza, ¿o ranas?. Tampoco se. Pero qué bien combinaban con las calandrias. Esa perfecta compañía en los momentos en los que por lo menos yo disfruto estar sola, pero no tanto. En los que no necesitamos emitir sonidos más que los que escuchamos sólo nosotros y nuestro interior. Tantos que tal vez ni nosotros llegamos a oirlos, sólo nuestro interior, (cansado debe estar ya de escuchar todos los ruidos que hace mi cabeza).
Mis dedos se entorpecen constamente, hay algo de lo que no estoy enterada y no está funcionando bien. Claro está que es algo sumamente reciente, porque ya de tantas cosas supe darme cuenta que no funcionaban bien. Esa amnesia no diagnosticada y que seguro nadie sabe a que se debe, ¿o si?. No, creo que no.
También disfruto aunque a veces me siento un tanto extraña de mantener fieles conversaciones conmigo misma. Es como un ejercicio que me mantiene despierta y determina que el resto por momentos, sólo por momentos, está de más. Es fácil darme cuenta que no todo funciona correctamente si mientras converso con mi otra yo puedo ver lo equivocada que estoy y alcanzo a tiempo, antes de pensar la respuesta, a corregirme. En realidad eso no me pasa, pero estaría tan bueno... sería tener la capacidad de evitar cometer ciertos errores, antes de que lleguen a chocarse con el mundo externo. Ni siquiera se si son errores, pero están, y molestan. No molestan lo suficiente como para que no pueda seguir haciendo casi la mayoría de las cosas que me gustan y puedo hacer, pero si lo suficiente como para tener esa repercusión en mi que me incentiva a mencionarlos.
Ahora lo único que escucho es REM, y no me mantiene tan despierta como mis pensamientos y conversaciones conmigo misma, en Santa Ana. Cosa jodida el gusto musical, jodido de definir en mi caso particular. Es tan amplio el universo de posibilidades que tenemos que nunca llegamos a determinar lo que nos gusta, si ni siquiera conocemos todo como para poder decir qué es lo que no nos gusta. Cuanto más aprendo sobre algo más ignorante me siento. De hecho no es solo esa sensación, es completamente real lo ignorantes que somos todos los seres humanos por lo menos. Tan increíble, enorme, incalculable, lo que nos rodea, que nunca nadie tiene derecho a decir que sabe un montÖN. Siempre queda aún más por aprender, más que nada de las personas, cada historia y recuerdo que puedan compartirnos nos nutre sobremanera.
Aprender y convivirme (eso último busquenlo en mi diccionario), dos actividades de mi vida cotidiana.
-un poco de pensar de vez en cuando también es bien recibido, por supuesto-
jueves, octubre 22, 2009
jueves, octubre 15, 2009
Angustias
Adormecer el impulso generado por todo eso. La vulnerabilidad para con nosotros mismos nos destruye, sigue siendo un poco más de lo mismo. Todos lo saben pero es díficil hacerse cargo, todos lo hablan, todos pueden hablar acerca de cómo está haciendo las cosas quien está adelante, atrás, al costado.. pero nadie se atribuye lo necesario para pararse erguido y decir no.
Los ojos miran pero no ven, nuestra nariz se pierde y la boca se cierra sola. Pegamos un salto a nuestro interior, o ni siquiera eso, nos arrastramos, haciendo así más doloroso el camino. No podemos entrar y salir de allí con facilidad, debemos hacer de aquello un suplicio para probarnos a nosotros mismos que lo podemos superar.
Las alas grandes y tan sólo el cielo de esta región, Angustias siente que es un desperdicio. Si lo pensamos de esa manera si, tal vez lo sea. Pero no, sólo es una sensación, es ilusorio. El cielo es mucho más de la pequeña parte que podemos ver, aunque sentimos que lo estamos viendo todo. Como siempre, siempre queremos pensar que podemos verlo todo, percibirlo todo, nos terminamos convenciendo. El cielo es más de lo mismo-
Una vieja tortuga supo decirselo, no corras, el mundo no va a esperar para que vuelvas pasos atrás a recuperar lo que perdiste en el camino. Si querés llegar rápido disfrutalo, que no va a haber una segunda vez, volverás al mismo lugar, te encontrarás con los mismos enanitos, pero no vas a sentirte de la misma manera. Te aseguro que cuanto más lo disfrutes menos sentirás el correr del tiempo. No está tan bueno en el sentido de que cuanto mejor la pases más querrás volver a aquel sentimiento, más lejos te encontrarás de alcanzarlo. Pero es así de complicado, siempre hay una forma aún más compleja de ver las cosas. Y más siendo como nos mostramos, mostrándonos como queremos ser, siempre encontramos la vuelta para pensar más, de más.
Vas a volar tan alto como vos quieras, no necesitas que te alcancen la mitad del trayecto y así disminuir tu cansancio, ni tampoco que te empujen, o te acompañen. Sabes cómo volar, cuándo, y por qué, pero no si realmente querés hacerlo y hasta donde. Dejar que la corriente sea la única compañía aunque parezca descabellado, y la idea de ser aquel solitario, el tonto en la colina.
Los ojos miran pero no ven, nuestra nariz se pierde y la boca se cierra sola. Pegamos un salto a nuestro interior, o ni siquiera eso, nos arrastramos, haciendo así más doloroso el camino. No podemos entrar y salir de allí con facilidad, debemos hacer de aquello un suplicio para probarnos a nosotros mismos que lo podemos superar.
Las alas grandes y tan sólo el cielo de esta región, Angustias siente que es un desperdicio. Si lo pensamos de esa manera si, tal vez lo sea. Pero no, sólo es una sensación, es ilusorio. El cielo es mucho más de la pequeña parte que podemos ver, aunque sentimos que lo estamos viendo todo. Como siempre, siempre queremos pensar que podemos verlo todo, percibirlo todo, nos terminamos convenciendo. El cielo es más de lo mismo-
Una vieja tortuga supo decirselo, no corras, el mundo no va a esperar para que vuelvas pasos atrás a recuperar lo que perdiste en el camino. Si querés llegar rápido disfrutalo, que no va a haber una segunda vez, volverás al mismo lugar, te encontrarás con los mismos enanitos, pero no vas a sentirte de la misma manera. Te aseguro que cuanto más lo disfrutes menos sentirás el correr del tiempo. No está tan bueno en el sentido de que cuanto mejor la pases más querrás volver a aquel sentimiento, más lejos te encontrarás de alcanzarlo. Pero es así de complicado, siempre hay una forma aún más compleja de ver las cosas. Y más siendo como nos mostramos, mostrándonos como queremos ser, siempre encontramos la vuelta para pensar más, de más.
Vas a volar tan alto como vos quieras, no necesitas que te alcancen la mitad del trayecto y así disminuir tu cansancio, ni tampoco que te empujen, o te acompañen. Sabes cómo volar, cuándo, y por qué, pero no si realmente querés hacerlo y hasta donde. Dejar que la corriente sea la única compañía aunque parezca descabellado, y la idea de ser aquel solitario, el tonto en la colina.
lunes, octubre 12, 2009
Desarmando
Lo que realmente importa es relativo y nunca se puede comprobar la certeza en su afirmación. A las palabras se las lleva el viento, las promesas, los cambios por ser realizados, los cambios por evitar, todo va y viene sin que nadie pueda percatarse de que lo que está ocurriendo. Vuelan libres y a veces sienten nostalgia, regresan, otras veces se dan cuenta de que no juegan un papel importante para nadie. Si el objetivo se mantiene firme en su lugar correspondiente, es maravilloso lo que se puede alcanzar... ahora, ¿Qué ser humano que pisa fuerte el piso hoy en día puede hacerlo? resulta difícil, pero puedo afirmar que no es imposible. El ser humano que lo puede hacer es el mismo que hace y destruye tantas cosas, nunca la coherencia llega a alcanzar su cien porciento que quieren atribuirle. Justamente por eso, porque el entorno se lo atribuye, no es decisión de la propia coherencia. Estar vivos no como transición sino como el verdadero goce de estar donde nos toca o elegimos estar. Poder mirar a nuestro alrededor y afirmar con la certeza, que no puede tener lo que realmente importa, que estamos bien donde estamos, no la estamos pasando tan mal como pensamos en nuestros peores momentos. La cabeza miles de veces nos juega en contra, de hecho es nuestro peor enemigo, nuestra propia cabeza... es sólo domarla, encontrarle la vuelta, tenderle las trampas que conociéndola más que nadie sabemos que evitan la continuación de su ciclo. Sabemos lo que queremos pero no tanto, creemos saber lo que no queremos pero puede cambiar, entonces, es ahí donde la cabeza hace de las suyas. Nos centramos en estar ubicados donde debamos, Di#s mande, o lo que sea sugiera que deba ser de determinada manera. Los impulsos son de lo peor, creemos que son ellos lo que nos ganan pero ciertamente nosotros elegimos que sea de esa forma, nos justificamos y protegemos con ese discurso mega utilizado que refiere a los impulsos y su control sobre nosotros. Claramente no soy partidaria de esa filosofía. Virtud o defecto, whatever, creo que todo es relativo.
Reir es vida
Son aquellas personas que si es posible quisiéramos estén siempre donde se encuentran y nunca se alejen demasiado. Consiguen sonrisas facilmente y regalan caricias no físicas, sino que llegan mucho más lejos de lo que podemos transmitir. Necesarias para mi correcto funcionamiento mental, o tal vez no tan correcto pero en compañía, me ayudan en lo que nadie puede. Podría decir que amo tenerlas al lado mío, saber que puedo compartir mi vida de esta forma... La risa es su filosofía de vida. Muchas gracias!domingo, septiembre 13, 2009
Un paso, cerralos, abrilos
Tomó sus alas y empezó lentamente. No entendía mucho de esto porque era sólo el comienzo, pero de a poco se fue despegando del pasto, como si pudiera volar. Era un aleteo constante, su sonrisa demostraba otra cosa y aunque sentía que podía hacerlo cuando pasaba las nubes frenaban su accionar. Tomó por contada su libertad y dio comienzo a su antes y su después. El después ya lo suponía así que no se molestó en esperarlo, por lo que decidió arrancar por el antes, hasta llegar más lejos de lo que podríamos entender cualquiera de nosotros. Simplificó su carga a unos simples rumores y esperó que aminore con el correr del tiempo.
Podía mirar absolutamente todo, pero no llegaba a ver realmente, por lo que decidió pedir una ayuda. "Tarde pero seguro", definía al sistema.
Fue así que en un abrir y cerrar de ojos la tormenta había pasado y su aleteo permanecía tan constante como al principio. No se molestó en entristecerse por la pérdida y simplemente siguió camino, como si nada hubiera pasado, como si se encontrara ubicado nuevamente en aquel primer momento y ningún encuentro ocasional hubiera sido tan real como en verdad lo fue.
Lo cierto y lo falso, la verdad y su mentira se mimetizaban entre sí y ni siquiera sus oídos creían lo que sentían. Entre lo real y su imaginación sólo un paso, entre el suelo que pisamos y el aire que respiramos sólo nosotros mismos.
Podía mirar absolutamente todo, pero no llegaba a ver realmente, por lo que decidió pedir una ayuda. "Tarde pero seguro", definía al sistema.
Fue así que en un abrir y cerrar de ojos la tormenta había pasado y su aleteo permanecía tan constante como al principio. No se molestó en entristecerse por la pérdida y simplemente siguió camino, como si nada hubiera pasado, como si se encontrara ubicado nuevamente en aquel primer momento y ningún encuentro ocasional hubiera sido tan real como en verdad lo fue.
Lo cierto y lo falso, la verdad y su mentira se mimetizaban entre sí y ni siquiera sus oídos creían lo que sentían. Entre lo real y su imaginación sólo un paso, entre el suelo que pisamos y el aire que respiramos sólo nosotros mismos.
miércoles, septiembre 09, 2009
brain damage
No hay ganas de pensar y otra vez ese recorrido inevitable al que las circunstancias me empujan. ¿Podrías caminar por mi? mis pies están cansados y el cuello ya no sostiene mi cabeza, las ideas se me caen! perdí la tapa de la parte superior, debería controlar su producción, van a rebalsar. O si camino muy rápido tal vez se evaporen como el agua, estaría lindo hacer un café de ideas. Claramente llevaría edulcorante, afectará de igual manera mi nivel de glucemia? debería hacerme uno de esos análisis y olvidarme por un tiempo hasta que estén listos los fuckin' resultados. Todas las infusiones me transforman sobremanera, es totalmente notorio el cambio en mi persona una vez que ingresan en mi organismo, debe ser genial ver qué flor de fiesta lujuriosa se hechan las células que me conforman con las de los alimentos, seguramente debe ser un espectáculo digno de ser visto y nosotros ilusos nos pensamos que lo mejor está de adentro para afuera (sólo que a la mayoría le gusta dibujar, ocultar ese punto de vista-yo no me veo incluída en ninguno de los casos mencionados-). Realmente disfrutaría conseguir que mis ojos sigan de largo y mirar adentro de mi cabeza, qué estará modificandome, por ejemplo, en este momento? que será lo que me haga sentir así? I'll see you on the dark side of the moon, cantan para mi y claramente los visualizo esperándome. There’s someone in my head but it’s not me, me sorprende sentirme adentro de palabras, en sí de las letras, de éstas con más de treinta pero menos de cuarenta años de antigüedad. Siempre las personas soportan unos treinta años (mínimo) hasta que se actualizan los problemas globalizados, y otra vez de nuevo, algo así como una onda retro, pero que no refiere específicamente a la forma de vestir. Ellos salen todos los días pero les gusta todo lo relacionado a algún tema en especial, por lo que la mayoría de los días están disfrazados y nosotros siquiera los percibimos, y peor aún, elegimos no verlos, inconcientemente o no, ese es el camino que tomamos. Hasta que al final del atajo nos encontramos (y a veces chocamos) contra el cartel que los define, nos chocamos de frente la cara contra el problema que elegimos no reconocer pero que siempre estuvo parado ahí, esperando por nosotros. Abrir los ojos, mierda! aceptar.-
lunes, septiembre 07, 2009
Usá la izquierda, Chiquita!
¿Qué estaba pasando? Sin quererlo me movía y no estaba caminando, me mojaba con esa lluvia molesta que empañaba mi vista, flotaba en ese trayecto hasta mi destino. La cabeza parecía una A4 Autor con trazos de lápiz suaves y delgados, ¡Ni en los momentos que mi rockr me inundaba alcanzaba ese estado! y cuando conseguí cazar uno de aquellos que vuelan en el aire supuse comenzar algo nuevo, pero me hallé de nuevo en otro reiterado déjà vu. No pude entender el quid de la cuestión, ciertamente no pude entender nada que se asemeje a lo que transcurría por esos tiempos. Sólo era cada tanto volver a ese "izquierda derecha, izquierda derecha" que se me grabó en algún momento de mi vida y nunca pudo ser corrido de su lugar. Mi pensamiento más profundo sólo se acercó a mi torpeza fumando con la mano derecha, y pensándolo bien no estaría pensando mucho tampoco, de ser el caso hubiera sido la izquierda la que se mantenía ocupada mientras la otra se balanceaba sin sentido. Fueron unos segundos invisibles, imperceptibles, minutos seguramente, pero que últimamente no se encuentran muy presentes en mi día a día. Siempre quise tener el reloj de Bernardo, por supuesto lo interesante hubiera sido usarlo a mi favor y no que el Kosmos lo haga en mi contra, claro.
sábado, septiembre 05, 2009
Martian people
Subiendo esa escalera sentí y realmente lo padecí, que la gravedad me ganaba una vez más. Fue una sensasión extraña que la física introdujo años atrás en mi sistema, y allí veía lo práctico de la práctica. No fue de la misma manera mientras subí la montaña a pie, ni tampoco me alivianó el hecho de bajar la escalera. Pensé interiormente "cuando baje no va a ser de la misma manera". Y pareció haber algún tipo de error de cálculos que provocó eso. La pasé igual de mal, sentí que la fuerza de atracción gravitatoria ahora había pasado a estar invertida y seguía luchando contra ella. Entonces, todo cambió. El viento empezó a empujarme, me llevaba consigo como si formara parte. Me transportó a otro lugar lejano, con otro aire, otra motivación. Conocí extraños individuos que parecían querer aparentar ser tales como yo, de mi mismo palo, pero eran totalmente distintos. Físicamente tan humanos como yo, pero de ahí para adentro eran como traídos de otro planeta. Fue raro verme mimetizada entre ellos, mi cabeza parecía no dar explicaciones, y mi cuerpo respondía torpe a lo que ella mandaba. La función fue marciana y de corta duración. La presión que la Tierra hizo sobre mi al principio ya no me agoviaba, el ruido la alejaba, sobre todo las risas, eran una especie de somnífero, pero que no llegaba a su efecto cúlmine. El disparador incógnita nos desalojó y allí estaba nuevamente rodeada de rocas y ese lugar extraño. No se cómo llegué pero me encantaría volver, voy a intentarlo.
martes, agosto 25, 2009
Sancte Joseph
Tuve que emprender un viaje hasta Flores, sobre Rivadavia, una linda capillita. Desde que abandoné el umbral de mi guarida me acompañó esa sordera que provocan los auriculares de mi moto-rockr, por lo que la vida me pareció por un buen rato una película de Charles Chaplin, sólo que en color. Los autos parecían volar, sin consumir ningún tipo de combustible, era increíble; las personas que caminaban a mi lado hacia el mismo destino aparecían y desaparecían siempre repentinamente; la contaminación acústica se transformó en no más que el choque de una moneda en una de las boleterías del Sarmiento y Roger Waters pareció acompañarme como si estuviera metido dentro de las mismas prendas que llevaba puestas, dentro de mi cabeza, claramente dentro de ella.
Abordé el vagón que se cruzó primero en mi camino, y caminé al fondo de una caravana por unos cuantos como el primero que pise (salvo el furgón que tenía un tono a lo mejor londinense y un aroma profundamente natural, inundando el resto de los vagones siguientes). No se si habrá sido ese estado pasivo o qué, pero en un santiamén ya no estaba allí como partícipe, sino como una especie de observador, atento observador, pero externo al fin. Sentada pero no, pude ver a esa joven mujer grande, que parecía haber sido vestida muchísimos años antes de su nacimiento, y que, contradictoriamente a su apariencia (lo que reflejó una forma de ser para consigo misma) llevaba un carrito, con una nena dormida y su sobresaliente cara de angel, aparentemente de como seis años. Por supuesto eso llamó mi atención, los opuestos en las imagenes madre e hija. Mi atención no se detuvo demasiado por ahí. Sin darme cuenta en qué momento empezó, escuché un grito de una mujer, una exaltada y rotonda mujer, que sufrió algún tipo de ataque de parte de esta especia de personas que vuelan. El extraño individuo pareció dar el golpe y saltar, como si fuera hacia una pileta de unos metros de profundidad, a las vías. Lo increíble fue que no era la parte del trayecto en la que las vías se ven de cerca, se puede distinguir las piedras y la basura que la gente tira, no. Era esa parte del trayecto, en la que parece estar subiendo y separándose del suelo el vagón abordado, tan lejano del suelo como yo de todos los demás en ese momento (era mucho realmente). Así cómo los pasajeros se dieron vuelta poniendo exagerado interés en lo ocurrido, yo corrí mi mirada para algo que saliera de la ventana, esperando ansiosa algo que me pudiera sorprender. No se por qué tenía tantas ganas de disfrutar el paseo en ese momento, pero de verdad que funcionó. En cuestión de minutos pude ver el Nilo salpicando los vidrios de Domingo Faustino. Tan brillante y colorido no pude dejar de mirarlo mientras se acercaba a mí de alguna forma.
Al rato la chica con su old skool y el pelo rojizo entró con ese aire de "no me importa nada" y se paró enfrente de Kung Fu Panda, quién vestía su sensual camiseta blanca y unas reebok de mina zarpado, que no dejaba de mirar con su aire personal, ese conocido "mirame". Yo realmente la estaba pasando tan bien, nunca creí ver tantos personajes juntos dentro de 3 metros cuadrados. Lamentablemente todo tiene un final y entre tantos pensamientos fui arrastrada hasta la estación de Flores, pasando Floresta.
Al llegar a destino aguanté aproximadamente unos 20 minutos e inconcientemente me aseguré de que la sala estuviera lo suficiente en silencio como para que se escucharan mis pasos sobre tacos al salir a consumir tabaco. Una bonita freak me vió prendiento un "faso" y sonrió simpáticamente pidiendo algo de fuego. Por supuesto yo no tuve problema en convidar un poco del gas y esperé a que buscara los cigarrillos dentro de su desordenada cartera, que claramente nunca aparecieron. Mi inocencia en ese momento pudo más y no pude reconocer (hasta después de un tiempo de haber ocurrido el suceso) la tremenda jugada que se armó la pequeña ratita. El caso fue que como la amabilidad me sobra casi por la mitad de mi ÚLTIMO cigarrillo le dije "lo querés? me voy adentro". Nunca pensé que existieran personas tan decididas sobre la faz de la Tierra. "Si, gracias" me dijo, casi casi que le sale naturalmente su cara de "estaba esperando que lo dijeras", pero debe de haberse reprimido para mi menor desconfianza. Pequeña rata con lo que me cuesta a mi largar el último cigarrillo! fue una inútil prueba de amor por el prójimo que no se repetirá jamás.
Al ingresar nuevamente a esa maravilla arquitectónica no pude evitar ser cautivada (y con mayor detenimiento que la primera vez que estuve allí, tal vez por querer llevar mi cabeza a otro lado donde no estuviera presente la freak y su hurto encubierto) por los decorados, la inmensidad y todo lo que conformaba a esa basílica. Creo que el hecho de mi falta de fé en la existencia de Dios como lo plantea la religión católica apostólica romana, generó en mi esa sensación fría y tétrica que causan las iglesias de este tipo, de quién sabe cuantos cientos de años de antigüedad.
Observé, mientras sonaba la orquesta casi completa salvo por los instrumentos de percusión, unas escrituras a practicamente los costados del altar: "defende nos" y sólo un poco mas arriba "protector noster", del lado derecho, y del izquierdo algo como "adjuya nos" "sancte joseph". Al ver eso mis ojos mi sensación de frialdad se incrementó y de cierta manera llegué hasta sentirme un tanto incómoda sentada en ese banco de madera. Además,no pude definir la superficie sobre la que estaban escritos, si se trataba de una pintura semejando una superficie moldeada o realmente lo era. Los encargados de la decoración de increíble sala supieron jugar debidamente con las luces, los colores y las texturas. Llegué hasta el punto de sentir una sincera admiración por los creadores.
El fin consiste en que la vuelta a casa estuvo tranquila, con una siestita en el cómodo asiento del tren, y una caminata a casa sobre el aire fresco de aquel sábado. No se cómo lo conseguí pero le encontré el lado positivo a una salida a base de iglesia, Sarmiento, e hidratos de carbono ingeridos de manera saludable, manteniendo el equilibrio.
Abordé el vagón que se cruzó primero en mi camino, y caminé al fondo de una caravana por unos cuantos como el primero que pise (salvo el furgón que tenía un tono a lo mejor londinense y un aroma profundamente natural, inundando el resto de los vagones siguientes). No se si habrá sido ese estado pasivo o qué, pero en un santiamén ya no estaba allí como partícipe, sino como una especie de observador, atento observador, pero externo al fin. Sentada pero no, pude ver a esa joven mujer grande, que parecía haber sido vestida muchísimos años antes de su nacimiento, y que, contradictoriamente a su apariencia (lo que reflejó una forma de ser para consigo misma) llevaba un carrito, con una nena dormida y su sobresaliente cara de angel, aparentemente de como seis años. Por supuesto eso llamó mi atención, los opuestos en las imagenes madre e hija. Mi atención no se detuvo demasiado por ahí. Sin darme cuenta en qué momento empezó, escuché un grito de una mujer, una exaltada y rotonda mujer, que sufrió algún tipo de ataque de parte de esta especia de personas que vuelan. El extraño individuo pareció dar el golpe y saltar, como si fuera hacia una pileta de unos metros de profundidad, a las vías. Lo increíble fue que no era la parte del trayecto en la que las vías se ven de cerca, se puede distinguir las piedras y la basura que la gente tira, no. Era esa parte del trayecto, en la que parece estar subiendo y separándose del suelo el vagón abordado, tan lejano del suelo como yo de todos los demás en ese momento (era mucho realmente). Así cómo los pasajeros se dieron vuelta poniendo exagerado interés en lo ocurrido, yo corrí mi mirada para algo que saliera de la ventana, esperando ansiosa algo que me pudiera sorprender. No se por qué tenía tantas ganas de disfrutar el paseo en ese momento, pero de verdad que funcionó. En cuestión de minutos pude ver el Nilo salpicando los vidrios de Domingo Faustino. Tan brillante y colorido no pude dejar de mirarlo mientras se acercaba a mí de alguna forma.
Al rato la chica con su old skool y el pelo rojizo entró con ese aire de "no me importa nada" y se paró enfrente de Kung Fu Panda, quién vestía su sensual camiseta blanca y unas reebok de mina zarpado, que no dejaba de mirar con su aire personal, ese conocido "mirame". Yo realmente la estaba pasando tan bien, nunca creí ver tantos personajes juntos dentro de 3 metros cuadrados. Lamentablemente todo tiene un final y entre tantos pensamientos fui arrastrada hasta la estación de Flores, pasando Floresta.
Al llegar a destino aguanté aproximadamente unos 20 minutos e inconcientemente me aseguré de que la sala estuviera lo suficiente en silencio como para que se escucharan mis pasos sobre tacos al salir a consumir tabaco. Una bonita freak me vió prendiento un "faso" y sonrió simpáticamente pidiendo algo de fuego. Por supuesto yo no tuve problema en convidar un poco del gas y esperé a que buscara los cigarrillos dentro de su desordenada cartera, que claramente nunca aparecieron. Mi inocencia en ese momento pudo más y no pude reconocer (hasta después de un tiempo de haber ocurrido el suceso) la tremenda jugada que se armó la pequeña ratita. El caso fue que como la amabilidad me sobra casi por la mitad de mi ÚLTIMO cigarrillo le dije "lo querés? me voy adentro". Nunca pensé que existieran personas tan decididas sobre la faz de la Tierra. "Si, gracias" me dijo, casi casi que le sale naturalmente su cara de "estaba esperando que lo dijeras", pero debe de haberse reprimido para mi menor desconfianza. Pequeña rata con lo que me cuesta a mi largar el último cigarrillo! fue una inútil prueba de amor por el prójimo que no se repetirá jamás.
Al ingresar nuevamente a esa maravilla arquitectónica no pude evitar ser cautivada (y con mayor detenimiento que la primera vez que estuve allí, tal vez por querer llevar mi cabeza a otro lado donde no estuviera presente la freak y su hurto encubierto) por los decorados, la inmensidad y todo lo que conformaba a esa basílica. Creo que el hecho de mi falta de fé en la existencia de Dios como lo plantea la religión católica apostólica romana, generó en mi esa sensación fría y tétrica que causan las iglesias de este tipo, de quién sabe cuantos cientos de años de antigüedad.
Observé, mientras sonaba la orquesta casi completa salvo por los instrumentos de percusión, unas escrituras a practicamente los costados del altar: "defende nos" y sólo un poco mas arriba "protector noster", del lado derecho, y del izquierdo algo como "adjuya nos" "sancte joseph". Al ver eso mis ojos mi sensación de frialdad se incrementó y de cierta manera llegué hasta sentirme un tanto incómoda sentada en ese banco de madera. Además,no pude definir la superficie sobre la que estaban escritos, si se trataba de una pintura semejando una superficie moldeada o realmente lo era. Los encargados de la decoración de increíble sala supieron jugar debidamente con las luces, los colores y las texturas. Llegué hasta el punto de sentir una sincera admiración por los creadores.
El fin consiste en que la vuelta a casa estuvo tranquila, con una siestita en el cómodo asiento del tren, y una caminata a casa sobre el aire fresco de aquel sábado. No se cómo lo conseguí pero le encontré el lado positivo a una salida a base de iglesia, Sarmiento, e hidratos de carbono ingeridos de manera saludable, manteniendo el equilibrio.
miércoles, agosto 19, 2009
Luz
Abro bien los ojos, los mantengo por un tiempo de ese modo. No paran de entrar en mi, la percepción sensorial me supera y sólo, sólo él se consume. Las luces adquieren muchas, muchísimas hasta tal vez incontables formas que llegan y entran en mi y me cautivan, desplegando mi imaginación. Algunas rojas, tan punzantes como fugaces en la historia que por el momento me lleva al protagonismo. Otras anaranjadas, con rayos que las cruzan y nubes que las difunden sobre el fondo que en el que el cielo entra en acción. Hoy se vistió a rayas con colores y sus tonos, generadores de un ambiente tétrico rodeándome. El piso está frío, la membrana me hela los huesos de mis extremidades, su nicotina me llama a consumirlo aún más. La abstinencia pasa a un segundo plano y se termina, él se termina y lo apago sobre la parte del piso cubierta por ese hierro lleno de semillas, se refleja la luz de su piedra y me transporta nuevamente a ese tono anaranjado de las luces mencionadas al principio de la narración. Con los ojos entrecerrados puedo capturar una toma fuera de foco de la escena, sin perder el brillo de las iluminaciones ni sus colores. Un avión que pasa me refleja un blanco mate, bajo las escaleras y el móvil canta un poco de Blur y enciende su pequeñísima pantalla para avisarme algo. Otras luces que me atrapan, la salida de la campana al estar arriba servía de espejo para las del cúbiculo inferior, las estrellas se muestran sólo un poco y las nubes salen para opacarlas. Las cenizas grises se prestan a una danza del viento, y yo simplemente respiro el fresco que me rodea. Mis pulmones siguen capacitados para realizar sus funciones cotidianas, mientras, mi corazón late y el mundo gira.
sábado, agosto 15, 2009
"Un tropezón no es caída" dijo mientras esperaba ser levantado. Está claro que nadie lo haría, ni siquiera él. Se vio un nivel más abajo de lo normal y sintió la desesperación de empezar a correr, pero para correr necesitaba sus piernas, y no tenía a nadie que le ayudara a encontrarlas. Creyó haberlas olvidado por algún lugar recóndito de los que había recorrido, o tal vez de haberse sentido libres quisieron experimentar y se fueron en busca de nuevas compañeras, nuevas historias, nuevas páginas donde contar lo bueno que fue mientras duró. Pensó, "¿Qué si no son ellas las que me acompañen?, mis manos podrían ayudarme". El caso es que resultaba más complicado que el hecho de simplemente mencionarlo, por lo que ese nivel de desesperación del principio había quedado en el olvido y se encontraba afrontando otro de mayor magnitud. "Ya nada es lo que era", dijo, y se tendió a llorar sus tan características lágrimas de cocodrilo, ya no contaba con esa posibilidad que dos segundos antes parecía ser la más acertada, no contaba con sus propias cualidades, poco a poco desaparecía, se esfumaba. Su cabeza empezó a dar vueltas en el aire, (si uno la veía sentía que tenía inmensas dimensiones pero al tocarla era diminuta, como un grano de maíz), a girar, subir y bajar, expandirse y contraerse, como si se tratara de algún extraño individuo de otro planeta. Hasta ese momento, todo parecía importarle sobremanera, pero aún así no tomaba cartas en el asunto, no podía adquirir ese coraje que implicaba llevar una vida sin sus ojos.
domingo, agosto 09, 2009
La fiesta
Diversas formas de festejar, de divertirse, de descansar. Todas, dentro y fuera de una misma ceremonia, tan presentes como fugaces y ajenas. Resulta fácil de entender, o al menos esa es la idea, y difícil de llevar a cabo el protagonismo. Todos quieren pasar desapercibidos y al mismo tiempo estar, aparecer y desaparecer cada tanto... Es un baile en el que estamos y no nacimos aptos para escapar. Es algo así como una aventura accidental, lo que no esperabamos y llegó sin que lo llamemos. Es sólo cuestión de dejar florecer ese nivel de impulsividad que caracteriza a cada uno de los hologramas que pisan en este momento, y cualquier otro, el mismo suelo. Dejarse llevar por la melodía cotidiana y esperar a que llegué aquel objeto sorpresa, que siempre aunque tardemos en llegar al punto de mayor detenimiento, está presente. Empecemos a ver, superar el concepto delimitado por nosotros mismos, dejar de mirar.
martes, agosto 04, 2009
El gris azulado que me cubre, esa gota cayendo, el brillo del suelo que opaca los rayos del sol con total facilidad. Autos circulando, entre camiones, camionetas, bicicletas, motos, personas caminando que mis oídos no llegan a advertirme de su presencia. Los árboles me abrazan, las nubes me amparan, la música que ellos cantan me habla y escucha al mismo tiempo, su mirada me guía e ilumina cuando me olvido de cómo andar. El triciclo oxidado me lleva a dar un paseo por la libertad, me rio en el camino, divago y entramos en confianza. Su mamá la que vive en el tanque me auxilia cuando se me parte alguna pieza que me conforma y nunca, nunca me dejan sentirme sola. Los gatos son tímidos a la luz del atardecer, sólo les queda un rato. La luna sale maravillada, mientras el sol se va, (se siente cansado, agobiado, necesita dormir lo que dura un eterno suspiro). Es el aire que entra sin siquiera pedir permiso, y me mantiene despierta aunque se que inconcientemente es el estado que más me gusta atravesar. Parezco sólo escuchar y observar, pero me mantengo hablando, en silencio, mis ojos cubren el espacio que mi boca solía. La pollera violeta parece cubrir hasta mi cabeza completamente, sólo que mis ideas no dejan de escapar como hacen en su rutina, y mis zapatos sólo sostener mis brazos y espalda, mis piernas hacen sus bailes como de costumbre. Mis pelos ondulados se pelean, y los invisibles que aman desaparecer se mantienen intactos, como si se perdiera su esencia. Mi boca se torna expresiva aunque no se mueva, su color se intensifica, es suave y sensible a palabras sin sentido, busca un objetivo en todo lo que emprende y nunca se siente afligida. Ella es la que sabe hacia dónde me dirijo, es la que cumple todos los papeles que el resto de mis sentidos no saben abarcar. Es algo así como una fiel compañera que, claramente, me sigue a todas partes, y entiende mis dilemas. Sólo estoy sentada, sintiendo.
sábado, agosto 01, 2009
viernes, julio 31, 2009
"tengo un plan"
Hoy conocí a una adulta de 5 años, increíble pero cierto. Llegó a sorprenderme la claridad con la que veía las cosas que transcurrían a su alrededor. Fatima era su nombre, y después de conversar un rato pensé interiormente "debería ser actriz", por la forma en que se expresaba y la capacidad que tenía para imitar a otras personas, grandes o pequeñas, existentes o no, compañeritas de jardín, incluso a mí. Primero pasaba por al lado con su total indiferencia, pero con el tiempo fuimos entablando una de esas amistades fugaces pero maravillosas que uno comparte con personitas de su edad. "Tengo un plan", me decía cada vez que me alejaba. Y ese iba cambiando con el tiempo, durante todo el rato que compartimos trajo nuevas ideas para implementar, una imaginación increíble que me transportó a las épocas en las que yo vivía historias similares, llenas de planes "a, b y c", saludos y códigos secretos, y apodos como el que compartimos nosotras, "chicas super-sabias". A veces perdemos esa capacidad de crear historias, imaginar escenas y de tal vez complementar ambos factores. El hecho es que cuando se estaban por ir me contaron un dato muy relevante en todo este asunto que estoy relatando... Fati sí era actriz, y claramente tenía facilidad para eso. Fue la primera pequeña gran artista con la que tuve el lujo de compartir una aventura, me divertí tanto escuchando sus vivencias en el jardincito, con sus compañeritas "Felicitas, Delfina, Candela y Candela", y su "se me ocurrió una idea". Nunca pierdo mi capacidad de asombro, no me arrepiento y disfruto esos momentos llenos de sencillez y sabiduría, en este caso de la mano de mi amiga super-sabia.

(la personita de la foto es Amèlie Poulain y uno de sus pacientes verdes)
jueves, julio 30, 2009
Sólo escucha
La música completa todos mis sentidos, llena mis oídos así como mis ojos y boca. El placer que transmite esa tranquilidad, esa relajación y un nivel de perfección combinado con la total simpleza de las notas que acarician mi cabeza agobiada de preocupaciones. Debería existir alguna forma de conseguir que esa melodía nos acompañe de manera continua, en cualquier actividad, incluyendo cuando dormimos, incluso cuando reimos, sin darnos cuenta de lo bien que nos hace. Encontrar la manera en que ella nos ayude a reconciliarnos con nosotros mismos y nuestro entorno. Resulta ser esa sensación de paz la que nos ayuda a sobrevivir, esa que nos transmite la música en este caso, pero que también es cercana a nosotros por medios que a veces son siquiera percibidos. Volviendo a la música puntualmente, los sonidos colorean de una forma extraña el frío gris de nuestra realidad. Le dan la temperatura necesaria para convertirla en nuestro abrigo, el aroma que completa las fragancias mas amenas. Es un viaje de ida y tal vez vuelta, nos transporta y con ella adquirimos la capacidad de flotar inconcientemente. Agilliza nuestra percepción para con nosotros y ellos, nos transforma y advierte el estado que estamos transitando. Es increíble que sea concretada por los seres más perfectos e imperfectos a la vez.
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